jueves, 18 de noviembre de 2010

Todos perdemos pero...

Durante este final de año académico, muchos estudiantes de educación básica y media tendrán posiblemente un semblante angustiado, triste, resignado o furibundo. No es gratis, desapareció el 230 y con éste, las posibilidades de pasar el año quedaron de nuevo bajo su responsabilidad (de nuevo en el sistema, tal vez para muchos esta es su primera vez).

La Secretaria de Educación Distrital en Bogotá, no obstante, tiene su publicidad preparada, que dice "Si un estudiante reprueba el año, ¡todos perdemos! " y unas estrategias de refuerzo recien desempacadas. En Bogotá y en más entes territoriales piden a sus rectores mantener un porcentaje de pérdida cercano al 5% de la población.



Muchos de los que hemos ejercido como docentes concordamos en que dichas medidas traen de vuelta al 230 por debajo de cuerda, lo que además de regresivo, vendría a ser hasta ilegal. Aparte de eso, al menos yo creo que tal cosa como un porcentaje de pérdida fijo es una camisa de fuerza que refuerza malos hábitos más que una solución a problemas de calidad académica.Y la razón de ello es sencilla: volvería a quitarse la responsabilidad del estudiante por su suerte académica.

No digo que afirmar que la repitencia del año de un estudiante sea una pérdida general derive en una falacia. Lo que digo es que no es estrictamente cierto en la totalidad de los casos. Un estudiante que nunca entra a clase, que pretende demostrar su mejor competencia argumentativa con un párrafo de cinco líneas mal redactadas, que no busca información adicional ni en la Wikipedia, no se toma la molestia de pensar en lo que un problema le exige emplear así se equivoque y que proceda así en un número importante de asignaturas no tiene  como demostrar que merece ser promovido, al menos en el sentido estrictamente académico.

Por supuesto, hay que ver cómo llegó ese estudiante (o esa estudiante) hasta ese punto y sobre esa base actuar (abuso y dependencia de sustancias, pereza llevada al extremo de ir al colegio por temporadas, hiperactividad, maltrato, trastornos del desarrollo, diferencias culturales, evasión de clase para jugar fútbol o echar carreta, trabajo exigido para la manutención de los familiares). Pero creo que las medidas deben ser disciplinarias y académicas durante el curso del año, no hacia el final ni tendientes a mejorar las cifras de los procesos, más que los procesos mismos.

Además, creo que hay que ver qué tanto contribuye de manera evidente un docente o un padre a la repitencia de un estudiante. No es lo mismo que una estudiante pierda una asignatura porque no entrego ningún trabajo durante el periodo a que pierda porque se le quedó el trabajo final que vale casi el 50% de la nota, o el que tiene dificultades motoras evidentes en clases de Artística o Educación Física. No trabajará igual el estudiante al que se le exigen responsabilidades en la casa que el estudiante al que ni se le pone cuidado o al que se le celebran sus ocurrencias todo el tiempo, así ellas impliquen irrespetar a otras personas o perder materias (Sí, ir a pelear por el estudiante en algunos casos deriva en estas "celebraciones").

Lo siento por la Ministra de Educación y la cohorte de Secretarias y Secretarios de dicha cartera, pero pedir porcentajes, presentar estrategias de refuerzo en los últimos 15 días del año académico estudiantil y hacer publicidad para evitar repitencias nunca será más efectivo que una evaluación contínua y permanente de los procesos estudiantiles: que se haga por cada actividad realizada y cuyo dictámen sea estable (nada que ver con el docente que pone 3 trabajos al final del periodo y baja o sube notas según niveles de bronca o complacencia). Una evaluación que exija el seguimiento de los padres (y que les exija presencia cuando se requiera, ¿cómo es posible que la mitad de los boletines se queden casi todo el año en las coordinaciones?)

En fin, si un(a) estudiante reprueba, no hay que apresurarse, pues no se hizo a tiempo lo que durante todo el año esa(e) estudiante, sus docentes y padres pudieron hacer.

PD: Y aparte, ¿qué de malo tiene perder el año cuando de verdad no se está listo para el siguiente?

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